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Yo soy el peligro

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Celebramos el 10º Aniversario del estreno de Breaking Bad en España

Hoy se cumple una fecha muy señalada: el aniversario del estreno en España de Breaking Bad,  una de las series más favoritas de los seriéfilos de todo el planeta, comenzando por nosotros mismos. Como sabéis en Edge Entertainment fuimos los encargados de diseñar su juego de mesa oficial, Breaking Bad: el juego de tablero, que ha terminado por ser publicado en todo el mundo y que ha contado con el beneplácito de su comunidad de fans. Esto fue posible, ante todo, porque nos encanta el producto original y mimamos a tope el producto.

Breaking Bad llegó en plena explosión de esta nueva edad de oro de las series. Durante estos años, han llegado centenares de ellas: unas triunfaron por todo lo alto, otras se quemaron rápidamente. Era difícil destacar, pero pocas han dejado una huella similar a las aventuras de Walter White.

La premisa de la serie es algo que solo se podría hacer en la TV moderna. Walter, profesor de química, padre responsable y buen marido, descubre que tiene un cáncer irreversible. Decidido a dejar algo de dinero a su familia, comienza a fabricar metanfetamina, la droga de la basura blanca norteamericana, y así ayudar a su mujer e hijos. Os lo recordamos para recalcar como tenemos a un personaje con unas motivaciones perfectamente creíbles, que viene de un mundo simple y acaba mezclándose con todo tipo de indeseables.

El punto de partida debe ser interesante, pero sin un buen desarrollo se queda en algo anecdótico. Poco a poco comprobamos que aquello que comenzó con una noble motivación se lleva por delante la vida no solo de Walter, si no también de su entorno cercano. El que comenzó siendo el protagonista se convierte, así, en el mejor de los antagonistas. Entendemos de dónde viene y por qué hace las cosas que hace, y no podemos si no quedarnos a observar cómo tiene que tomar decisiones cada vez más difíciles y se convierte en alguien implacable y cruel, atrapado por los acontecimientos.

Su creador, Vince Gilligan tenía claro lo que quería contar con su serie: el descenso de un personaje decente  a los infiernos. Cada episodio suponía un avance en la trama, y cada temporada nos dejaba claro que no había redención posible. La TV, tradicionalmente, es un medio estático. Incluso hoy día, demasiadas series venden una “ilusión de cambio”, para luego volver a dejar las cosas en una situación parecida. Esto no sucede aquí. Cuando pasa algo, sabes que va a tener consecuencias. Es más: casi siempre se lía una buena.

No mentimos si decimos que es el papel de la vida de Brian Cranston. Muchos ya lo conocíais como el padre de otra familia, la de Malcom, papel que desempeñó durante 7 temporadas. Encasillado como actor cómico, rompió todas las previsiones. Su labor es titánica: si Walter White no conectaba con la gente, la serie nunca despegaría. Cranston reaccionó al tremendo material creado por Gillian entregándonos el papel de su vida: cuatro premios Emmys seguidos a mejor actor hablan por sí solos.

¿Y qué decir del resto de personajes? La relación que desarrolla con Jesse Pinkman es inolvidable, como lo es alguno de los personajes que buscan acabar con él, desde su cuñado, el agente de la DEA a señores de la droga muy poco contentos con su actitud. Todos son complejos e interesantes, y cuentan con un casting especialmente acertado.

Que Breaking Bad cuente cosas terribles no significa que carezca de un peculiar sentido del humor. Negrísimo, en muchas ocasiones, y que proporciona momentos inolvidables e inesperados. Como en la vida misma, algunos de los episodios más hilarantes pueden venir a tenor de un suceso trágico. Así, no podemos encasillar firmemente la serie en las reglas que siguen los géneros, algo que el público valoró. No es un culebrón, ni una serie de acción, pero tampoco tiene risas enlatadas.

El cuidado que Gilligan y AMC dedicaron a la serie se nota episodio a episodio. En TV es habitual rotar entre varios directores, de manera que se hace algo complicado establecer una personalidad visual. Por suerte se trabajó para romper esta tendencia. Muchos episodios revelan soluciones visuales originales, y los parajes desérticos de Nuevo México le dan una personalidad muy superior al del 90% de las series. El  cuidado en la serie también se percibe en su banda sonora, repleta de canciones que elevan la escena y cortes que potencian de modo sutil lo que ocurre en pantalla.

Y no podemos olvidar que Breaking Bad duró lo que su creador consideró que tenía que durar, no sufriendo el típico síndrome de serie estirada. Los espectadores quedaron satisfechos viendo un final lógico para esta historia, por lo que las cinco temporadas de esta serie tienen más peso y son más memorables que otras que la superan ampliamente en duración.

Que importante es que las cosas acaben a tiempo. Por suerte para todos, el legado de la serie es recordado gracias a Better Call Saul, diferente en su tono, pero también muy recomendable. Los fans esperamos también la anunciada película para Netflix, que retomará la historia de Jesse Pinkman tras el final de la serie.

Y, por cierto, también tenéis nuestro juego, Breaking Bad: el juego de tablero, nuestra manera de rendir tributo a una de las mejores series de la historia. Se nota que nos gusta un poquito, ¿verdad?


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