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Un lugar de leyendas vivientes

Un lugar de leyendas vivientes

Las crónicas de Uriv, un viajero gloranthano: Kethaela

Podríamos llamarla la tercera potencia del continente, y desde luego, Kethaela, que ocupa una amplia zona costeara, alguna llanura y un par de archipiélagos, abarca sin duda una importante extensión. Se trata de una de las regiones más diversas de toda Glorantha. Tanto es así que cualquier viajero podrá percatarse de como cambia su cultura de una de sus cinco provincias a otra.  La llamada “Nación Sagrada” es el intento de su máximo dirigente por inculcar un sentido de unidad a estas culturas milenarias.

El Dios conocido como El Único Antiguo dominó los cincos antiguos territorios durante el Reinado de la noche, pero durante las Guerras del Hierro, cada uno de estos países guerrearon entre sí, y con otras culturas vecinas. La paz, y la unificación de la zona, llegó con la llegada del Dios-Rey Belintar. Una leyenda viva, Belintar escoge a uno de sus adoradores como receptáculo de su esencia, reencarnándose una y otra vez para mantener su reinado de poder y sus regiones unificadas. El culto a su figura ha sido instaurado en todas las provincias y es su adoración la que trae un sentido de unidad a culturas tan distintas... pero la nueva reencarnación de Belintar no se ha producido, y la estabilidad de la zona se tambalea, víctima tanto de sus tensiones internas como del avance del Imperio Lunar.

Si hablamos de sus provincias, podemos comenzar por Caladraland, el Reino de los volcanes. Es el hogar de diferentes tribus que viven en las laderas de sus escarpadas montañas , adorando también a Aurelión, que es tanto monte como Dios. En la Estación del fuego, libran guerras rituales, con los perdedores siendo sacrificados a sus Dios. Sus extrañas costumbres aún asombran al resto de ciudadanos de otras provincias. Son uno de los puntos de poder de este imperio, junto a las llamadas Islas Diestras, donde el concepto de “Nación Sagrada” ha encontrado más calado.

Esloria  es la llamada Tierra de mujeres, con diferentes clanes dirigidos por sus respectivas reinas. Estas se reúnen en el Concilio de las reinas, que adoran a diferentes diosas femeninas. Este matriarcado es una de las zonas más prósperas y pobladas: sus ricas tierras producen abundantes cosechas, que han llevado a la creación de una pujante vida urbana en núcleos de población crecientes, a su manera, han aceptado el dominio de Belintar sin mayores consecuencias. 

Hendrikiland fue en su momento un territorio Orlanthi, y es una tierra que se resiste ocasionalmente a la dominación y la adoración a Belintar. Las diferentes tribus bárbaras reconocen la autoridad a un rey que, en ocasiones, se ha opuesto en muchas ocasiones a la unificación de la zona. Pueblos dracónidos que aún residen ahí han sido capaces de forjar alianzas con el rey y las tribus para desafiar estas actitudes.

Las Islas sin Dioses son, efecticamente, ateos. Abandonaron el culto a Dioses hace siglos, y reemplazaron esta adoración por avanzadas formas de brujería. Han aceptado los nuevos cultos de sus conquistadores con desgana, pero beneficiándose del comercio en sus famosos casinos y el crecimiento de su comercio y sus ciudades.

Las Tierras Sombrías es el lugar donde aún sobreviven tribus de Trolls, bajo el dominio de Ezkankekko, que una vez fue capaz de dominar todo Kethaela. Aún hoy, ofrece la mayor resistencia a la Nación Sagrada, chocando en más de una ocasión con las tropas enviadas desde la Ciudad-Casino de las Islas sin Dioses.

Además de estas cinco culturas, aún sobreviven, e incluso prosperan, diferentes pueblos, como los Patos de Kethalean, distribuidos en varias tribus,  o una gran ciudad enana en la ladera de uno de los volcanes de Caladran. En un gran pantano de una de sus islas aún viven una extraña raza de reptiles anfibios, respetados por los humanos pero usados por los dracónidos como esclavos.

¡Efectivamente, la Nación Sagrada proporciona un sin fin de contrastes y culturas, una zona diversa como pocas en todo Glorantha! Su situación estratégica, variedad de pueblos y razas y su inestabilidad política convierten la región en un lugar interesante para aventureros y exploradores con ganas de ser sorprendidos. Tan solo recuerda: ¡aunque creas que estés en un territorio único, las costumbres de una de sus regiones pueden ser repudiadas en el país vecino!


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