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Tres ideas para aventuras de Historias del Bucle

Tres ideas para aventuras de Historias del Bucle

¿Necesitas un poco de inspiración? ¡Aquí tienes tus próximas partidas!

Historias del Bucle, el juego de rol de Free League ambientado en unos años ochenta que nunca existieron en el que los personajes encarnan a los principales arquetipos del cine juvenil de los ochenta: El empollón, el capitán del equipo, la chica rara siempre con sus walkman atronando… Estamos seguros de que no te será complicado encontrar inspiración para docenas de partidas en algunos de los clásicos del género como Exploradores, Los Goonies o Una Pandilla Alucinante, pero por si acaso aquí tienes tres semillas de aventura de nuestra propia cosecha. ¡Siéntete libre de cambiar lo que quieras, que para eso es tu partida!

Rebobinar antes de devolver

¡Han abierto un nuevo videoclub en vuestra ciudad! Y no un videclub cualquiera, EL VIDEOCLUB. Lo llevan dos chavales majísimos, Dante y Randal, que no sólo se lo saben todo sobre el cine más guay (¡Han visto Exterminador VI antes que nadie!) sino que además son una risa. No hay listas de espera, no hay etiquetas de ALQUILADO y nunca tienes que rebobinar una peli antes de verla. Si el cielo existe, debe parecerse mucho a este sitio.

Y hay algo mejor: La sala pequeña que hay al fondo del local cubierta con una cortina de bolas multicolores que tintinean cada vez que alguien entra o sale de ella. Todos los habitantes del pueblo han pasado alguna vez por ahí: Lundberg el profe de Geometría, el alcalde Persson y hasta la madre de Bobby. Y no sin razón, porque ahí dentro Dante y Randal te ofrecen la posibilidad de ver la película que tú quieras incluso aunque no se haya rodado nunca, aunque creáis que no existe. Se os ocurrió preguntar por la segunda parte de Combate Letal aunque sabíais que no la iban a tener porque su protagonista, Michael Kundikoff, falleció en un accidente durante el rodaje de la primera… ¡Pero la tenían! ¡Y salía Michael Kundikoff!

Desde entonces vais al videoclub de Dante y Randal cada fin de semana aprovechando la oferta especial para socios: Una película a cambio de un secreto. ¿A quién le importa contar un secreto si a cambio puedes ver toda la saga de Combate Letal? Quiero decir, ¿qué daño puede hacer eso?

Mis papás me miman

Una de las reglas básicas de Historias del Bucle es que vuestros padres nunca os hacen caso. No importa que os persigan robots asesinos (Como el martes), que hayáis conocido a una niña con poderes sobrenaturales en una dimensión paralela (Como el jueves a la hora del almuerzo) o que unos tipos calvos y barrigones que aseguran ser vuestros yoes del futuro aparezcan para deciros que el Universo tal y como lo conocemos está en peligro (Menudo domingo fue ese): Vuestros padres nunca han creído vuestras historias y, por supuesto, siempre han sido un auténtico rollazo.

Pues no os lo vais a creer, pero de repente eso ha cambiado. Ahora pretenden ser vuestros mejores amigos, quieren salir con vosotros cuando vais con las bicis hasta el lago y parecen mostrar un interés renovado por vuestras aventuras. Os dejan quedaros viendo la tele hasta tarde, os han regalado las mejores zapatillas del mercado, esas con cámara de aire, y os cocinan vuestro plato favorito todos los días. Y al principio era guay, pero ahora es insoportable. Liza, la empollona del grupo, ha dicho que prefiere un plato de brócoli hervido antes que volver a probar los espaguetis boloñesa. Así de mal están las cosas.

Nadie más parece haber llegado a la misma conclusión que vosotros, pero tras dar esquinazo a vuestros padres y reuniros por vuestra cuenta para comentar la situación habéis llegado a una conclusión que tan lógica como aplastante: Si se portan bien, es imposible que sean padres auténticos. Algo le ha sucedido a vuestros padres y no os queda más remedio que descubrirlo antes de la noche, cuando Liza tenga que volver a casa para comerse otro plato de espaguetis.

Clase eterna

¿Sabes esas clases que parecen durar eternamente? Esas en las que el reloj parece haberse detenido, el profesor sigue hablando y hablando mientras el resto de tus compañeros atiende sin perder la concentración y sólo tú y tus amigos os miráis de reojo rezando porque la tortura acabe cuanto antes. Bien, pues eso es justo lo que os está pasando. Literalmente.

Esta mañana, cuando el profesor Lundberg entró en clase dispuesto a dar su lección de Geometría os las prometíais muy felices: Era la última de la semana, el verano empezaba a hacer acto de presencia y tendríais toda la tarde para pasear con las bicis… Pero ahora tenéis la sensación de que la cosa se empieza a alargar más de lo soportable por cualquier ser humano (y menos por cualquier NIÑO humano) y nadie más parece darse cuenta. Lundberg sigue hablando con voz monótona, el resto de alumnos toma nota diligentemente y… ¿El reloj se ha detenido? Y no sólo el reloj: El sol sigue exactamente en el mismo punto en el que se encontraba cuando empezó la clase, aunque vosotros empezáis a sentir los primeros pinchazos del hambre, Bobby se hace pis y todo se está volviendo demasiado raro incluso para el mundo de Historias del Bucle.

Vais a tener que buscar una buena excusa para salir de clase e intentar descubrir lo que está pasando y, lo más importante, hacerlo antes de que oscurezca porque puede que las reglas del espaciotiempo se hayan trastocado justo en la clase más aburrida de todo el curso, pero eso no significa que estéis dispuestos a sacrificar vuestra tarde libre por ello.


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