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Por otros cuarenta años más

Por otros cuarenta años más

Celebramos el aniversario de La Llamada de Cthulhu, uno de los juegos de rol más influyentes de la Historia

Mucho ha llovido desde que nuestro querido Sandy Petersen diera a luz al que sin ninguna duda es el juego de rol de terror más influyente de la Historia: La Llamada de Cthulhu. Lo que ya no sabe tanta gente es que en realidad La Llamada fue el segundo juego de rol de corte lovecraftiano que Chaosium intentó lanzar al mercado, si bien sí que fue el primero que se llegó a terminar y a publicar oficialmente. 

El mismo Sandy Petersen reveló en una entrevista de 1982 cómo se aproximó a la editorial con una propuesta de juego que iba a ser una variante de RuneQuest, solo que ambientado en las Tierras del Sueño de H.P. Lovecraf. Greg Stafford le respondió que ya estaban trabajando en una variante del juego llamada Dark Worlds con la que pretendían acercar la obra del genio de Providence a su sistema de percentiles. 

Lynn Willis, que más tarde sería editor de la línea tras la marcha de Petersen de la editorial, completa la historia contando cómo a pesar de que él mismo negoció los derechos de la obra de Lovecraft con Arkham House el manuscrito final no resultó satisfactorio y tuvo que ser rechazado tras muchos meses de retrasos.

A estas alturas de la historia, y con muchos de los implicados fallecidos, es difícil rastrear más información sobre este proyecto fallido que la que se puede encontrar en algunas entrevistas de la época, pero es apasionante imaginar cómo podría haber sido ese juego de rol de fantasía gótica con sabor lovecraftiano que nunca llegó a ser publicado. 

Lo que sí sabemos porque ya es Historia de los juegos de rol es que poco tiempo después, en 1981, Sandy Petersen firmaba la primera edición de La Llamada de Cthulhu y que convertiría en el principal editor de la línea durante varios años. 

Aquella primera edición cambiaría para siempre la concepción de los juegos de rol que se tenía hasta entonces. En lugar del formato tradicional establecido por Dungeons & Dragons en el que los jugadores vagaban por mazmorras enfrentándose a toda clase de monstruos y empeñados en subir de nivel, Petersen introdujo el concepto de investigación (no en vano los personajes jugadores de La Llamada son conocidos como “investigadores”) de un misterio, pero sobre todo la certeza de que al final de la aventura muchos de ellos, si no todos, estarían muertos. 

En Las Sombras de Yog-Sothoth, el primer suplemento de aventuras para el juego, se introducía otro concepto que acabaría marcando no solo posteriores campañas del juego, sino las de variantes como El Rastro de Cthulhu o Delta Green. Aquí los aventureros trataban de desbaratar un complot organizado por una sociedad secreta y sus descubrimientos les llevaban por toda una serie de países diferentes y lugares exóticos, modelo que se repetiría en clásicos como Las Máscaras de NyarlathotepMentiras Eternas

De hecho, son estas campañas las que inauguran otra gran tradición que pronto se extendería a toda clase de juegos con cierto grado de inmersión: los handouts. Recortes de periódico, cartas de un viejo amigo pidiendo ayuda o flyers de antros de dudosa reputación se hicieron comunes en todas las mesas del mundo e incluso se han vuelto un recurso habitual para los directores de juego más detallistas, existiendo incluso editoriales especializadas en la fabricación de productos de lugo para ambientar nuestras partidas de la forma más convincente posible. 

Como decimos, mucho ha llovido desde aquel 1981 en el que unos cuantos miles de afortunados pudieron ponerle las manos encima a la mítica caja blanca de inicio de La Llamada de Cthulhu, pero el juego sigue estando tan en plena forma como el primer día si tenemos en cuenta el ritmo y la calidad de las aventuras que se siguen publicando. 

Será una obviedad, pero esperamos que dure otros cuarenta años y sobre todo esperamos seguir sentándonos a la mesa para enfrentarnos a las criaturas de los Mitos cuando tengamos la edad de los anticuarios, bibliotecarios y profesores de universidad que llevamos toda la vida interpretando. 

 

 


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