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Los recuerdos de la selva

Los recuerdos de la selva

Estamos cada vez más cerca de Z

Parece como si no hubiese pasado el tiempo, a pesar de que han sido cinco años - los árboles, el aire y toda la gente de la ciudad. Puedo cerrar los ojos e imaginarme cada lugar tan vívidamente, y sin embargo tan solo pienso en volver a la selva. No puedo esperar. Hemos partido de Corumbá hace dos días, y pronto deberíamos llegar a Cuiabá. Nos estamos acercando muy lentamente, como siempre.

Esperemos que Rimmel se recupere y controle su actitud. Quiero evitar encuentros como el que tuvimos cuando llegamos a Río de Janeiro. No es sorprendente que los estadounidenses tiendan a despreciar a los demás, pero esto podría ser peligroso cuando nos encontremos a las diferentes tribus en nuestro camino. Al menos Jack tomó la iniciativa y manejó el problema, pero aún así, yo preferiría evitar estas situaciones a toda costa.

Olvidé lo difícil que el viaje con todos los mosquitos y bichos. Pero ahora lo recuerdo vívidamente cuando miro a mis dos compañeros. Esta es la única parte para la que no pude prepararlos - seguramente han oído hablar de ello una docena de veces, pero hay una diferencia entre entenderlo y experimentarlo. Ni siquiera estamos en lo profundo de la selva y ya se están quejando. Con suerte, en una o dos semanas, se acostumbrarán a ello.

Aún así, debo admitir que lo he echado de menos, de la misma manera que he echado de menos el espíritu mismo de la aventura. Me he enfrentado a problemas, he conocido a mucha gente y he luchado con criaturas salvajes. Pero después de todo eso, ese lugar comienza a sentirse como si estuvieras en casa, incluso si esa casa parece hostil. Una vez que lleguemos a Cuiabá y nos movamos hacia la selva, no habrá vuelta atrás. Cierro los ojos. Puedo verlo, esto será un infierno, pero no puedo esperar.


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