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Iä, iä, Cthulhu fhtagn

Iä, iä, Cthulhu fhtagn

Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn

La figura de Lovecraft es hoy día una básica en la cultura popular. Cthulhu, la más famosa de sus creaciones, es tan famosa que lo podemos encontrar hasta en peluches y dibujos animados. Su nombre se usa como adjetivo para definir un tipo de horror, con dioses primigenios y horrores cósmicos que empequeñecen a la humanidad. Incluso ha sido protagonista de ficción, poniéndole como protagonista de libros, cómics y películas. Y eso que en su día solo publicaba en las denostadas revistas pulp. Bendita nostalgia la de sus seguidores, que nos ha permitido ver qué maravillas encerraban las aventuras de Conan o el exotismo de los antecesores de Indiana Jones.

Estos días celebramos el aniversario de su muerte, un momento día para recodar su vida y su obra. ¡Y revisarla! Precisamente por conocida, por básica, se acumulan los tópicos sobre ellas. Reencontrarse con sus relatos es dinamitar muchas presunciones y lugares comunes que sus fans hemos acabado aceptando. Efectivamente, su torrente de adjetivos está ahí. Pero funciona perfectamente. Porque, ante todo, Lovecraft buscaba crear atmósferas, y el abuso de calificativos sigue transmitiendo la incapacidad del hombre de describir y asumir lo que está viendo. Horrores cósmicos cuyos nombres no podemos ni pronunciar. Sus temas principales, ese horror materialista y angustia existencial, siguen resonando en nuestra psique.

Y si en su día hubo quién denigró su trabajo por constar únicamente de cuentos y narraciones cortas, hoy sucede lo contrario. Gracias a ello, su obra es tremendamente accesible. Lejos de los enciclopédicos tomos de otros narradores, acercarse a la obra de Lovecraft sigue siendo tremendamente fácil. Los Mitos de Cthulhu sólo necesitan de un puñado de páginas para atraparte y arrastrarte a su mundo.

Su mundo. Hoy día, la labor de “creación de un universo” está totalmente aceptada entre escritores y lectores, entre guionistas y público. La construcción de una mitología propia de tu obra. ¿Quién le iba a decir que el suyo iba a ser uno de esos ejemplos fundacionales? Nombres y descripciones se repetían de una historia a otra. Algunos se desarrollaban, mientras que otros quedaban sumidos en la oscuridad, alimentando la imaginación de sus seguidores. Y el resto de sus amigos contribuyeron.

Figuras como Robert Bloch, Robert E. Howard, o Clark Ashton Smith dieron pinceladas y crearon juntos toda esta cosmología. Sus numerosas cartas nos demuestran cómo guiaba a sus compañeros, aconsejaba a escritores más jóvenes y animaba a todos a usar sus creaciones para divertirse juntos. Gracias a ese enfoque, otros añadieron sus propias creaciones, aún décadas después de su muerte. Los Mitos de Cthulhu no sólo se mantuvieron vivos: crecieron, se multiplicaron y se convirtieron en uno de los primeros ejemplos de universo compartido.

Un trasfondo común y genial que ha sido explotado, especialmente, para fines lúdicos. Conviene recordar que si Cthulhu tiene la popularidad que tiene hoy en día, es sin duda a los juegos de rol. Tal y como suena. Gracias a los pagos que Chaosium hizo en su día a Arkham House, esta pudo costearse una reimpresión de todos los cuentos de Lovecraft, que llevaban año descatalogados. Esta nueva tirada consiguió un nuevo montón de fans. Además, su buena labor confirmó la validez de los mitos como universo lúdico. Tras el juego de rol, llegaron los videojuegos y los juegos de mesa.

Aún con una gran adaptación cinematográfica pendiente, los jugones podemos presumir de que nuestra militancia ha sido la que reavivó el interés desde los 80. Y que así siga siendo: en esta casa lanzaremos la 7ª edición de La llamada de Cthulhu, la mejor hasta la fecha, para seguir celebrando su trabajo.

Celebremos, pues, que su legado sigue así de vigente. Es un buen momento para descubrir esas otras obras maravillosas y terribles englobadas bajo la colección Los Mitos de Cthulhu o para descubrir otro enfoque rolero con El rastro de Cthulhu. O, simplemente, para que volvamos a leer alguno de sus relatos. Libros arcanos que, a su manera, nos volvieron tan locos como a los protagonistas de su obra.


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