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Horrenda cosa es caer en manos de una traducción en amarillo…

Horrenda cosa es caer en manos de una traducción en amarillo…

Traducir la locura para que otros la entiendan

Una confesión de traductor: creo que la primera vez en mi vida que sentí una fascinación consciente por el lenguaje fue con la primera edición de La Llamada de Cthulhu publicada en español, la de Joc Internacional. No sé cuántas veces habré leído aquellas “Notas adicionales sobre el Necronomicón” donde se analizaba la etimología de “Cthulhu” y otras deidades blasfemas. Era hermoso ver cómo una palabra llevaba a otra, que llevaba a otra, que llevaba a otra, a través de tiempos y lenguas… De propina, también fue el primer libro donde la figura del traductor se convirtió en algo real, gracias a las clásicas, geniales y edificantes “N. del T.” de Jordi Zamarreño.

Así que el Gran Cthulhu tiene mucha culpa de que cuando Edge me pidió traducir Tatters of the King, Los harapos del rey, la última de las grandes campañas de La Llamada de Cthulhu inédita en español, tardara segundos en decir que sí. Ahora miro hacia atrás y veo que fue un proyecto divertidísimo. Pero para el que no conozca los entresijos del oficio de traductor, voy a ofrecer algunos ejemplos que ilustren dónde está la diversión y que permitan juzgar y apreciar el resultado de muchas, muchas horas de trabajo. Porque los traductores profesionales valen su peso en oro, oiga. Pero primero una advertencia y un agradecimiento:

La advertencia: este artículo no le va a destripar a nadie la campaña, a menos que sea un jugador con memoria fotográfica y gran capacidad de relación… En cuyo caso aconsejo al Guardián que utilice al Rey de Amarillo para lacerar con alegría su osada mente.

El agradecimiento: tuve la suerte de que el autor, Tim Wiseman, tuviera a bien contestar casi 200 preguntas sobre el texto. Y lo hizo con paciencia, simpatía y ética, ampliando el texto donde le parecía necesario, cerrando asomos de cabos sueltos, invirtiendo tiempo en consultar sus fuentes, sin que nadie le pagara por hacerlo. Al final detectamos juntos más de 100 erratas y podemos decir que la edición española de esta campaña es sin duda la mejor de todas. Un brindis por Tim.

Muy bien, vale, pero ¿qué supone hacer una traducción como ésta?

Leerse el libro al detalle: Una obviedad

Lo que no es obvio es el grado de atención que hay que poner “al detalle”, porque los traductores tienen que cuestionar cada palabra que leen. Es un ejercicio que puede resultar agotador, porque no es algo que se apague o encienda a voluntad o que se pueda ignorar en buena fe.

La lectura al detalle permite entender el conjunto, ir pensando en cómo traducir términos nuevos como hechizos, criaturas y demás y plantearse dudas y posibles erratas.

Y es que hay dudas y erratas que se resuelven sin más: aquel PNJ no tiene 63, sino 64 años; al salir del pueblo la colina no está a la derecha, sino a la izquierda; ese orden alfabético y aquellas estadísticas está desordenadas; el conjuro debería ser un “Bind Enemy” y no “Blind Enemy”; no existe Morris Evans, pero sí Michael Evans; below es above; son es brother; 50 es 5.

Y otras que sin saber por qué, activan tu radar y te obligan a desempolvar vetustos tomos en busca de respuestas: las Royal Courts no están dentro, sino fuera de la City; si el buen profesor se jubiló antes de 1921, no pudo hacerlo de la L'Università Cattolica del Sacro Cuore, pero sí de la Sapienza-Università di Roma;  los chortens son naranjas, rojos o blancos, y no naranjas, rojos o negros; esa comida es con grano tostado y crudo, no solo crudo; Jorge V no tiene ninguna hija de 7 años llamada Isabel, pero sí una de 31 de nombre María…

Comprobar lo evidente

Porque a veces el sentido común, la intuición y los conocimientos también fallan. Tres ejemplos:

Una línea en la que se decía que el críquet era uno de los pasatiempos ofrecidos a bordo de un crucero. Ufano de mí, le señale a Tim la errata, porque ¿cómo se va a jugar a ese primo del béisbol a bordo de un barco? ¡Sería impracticable! ¡Imposible! Pues bien, la respuesta de Tim: “Sí, resulta asombroso, ¡pero jugaban al criquet! Aquí tienes una ilustración victoriana” (Atención a ese hombre medio desplomado sobre la borda. ¿Quizás necesite aliviarse después de tanto correr por cubierta?).

Una ayuda de juego en la que un PNJ confiesa no ser muy ducho en lenguas… con un 70% en inglés, 55% en francés, 40% en alemán, 45% en griego y 40% en latín. Claro, uno se rasca la cabeza ante esto. Pero el autor viene al rescate “Es falsa modestia, aunque Trollope se siente frustrado por no saber más alemán. Vamos a subir su inglés a un 85%, para reflejar la edad, experiencia y profesión del doctor”. Y es que, en una campaña de rol, como en cualquier obra narrativa, los personajes pueden tener una profundidad que solo el autor conoce.

Una aventura en la que una carta cruza Londres y llega a los investigadores solo 3 horas después de que se la manden por correo. ¡¿Cómo?! Pues como bien explica Tim: “El Royal Mail de la época hacía 12 recogidas y repartos al día, exceptuando los domingos, y la carta se envió un sábado. El correo era su internet: podías mandar una invitación por la mañana para quedar por la tarde, recibir la confirmación ese mismo día y tener tiempo para mandar un tercer mensaje antes de la reunión”. ¡Que maravilla!

Traducir

Lo que lleva muchas horas de trabajo

Y consultar enciclopedias, libros del estilo (Edge tiene uno general y otro específico para Los Mitos de Cthulhu), manuales de rol, glosarios (1628 términos en el juego de rol, 5852 más en los juegos de mesa y carta cthulhuideos), diccionarios, monografías de todo tipo, gramáticas, bibliografías, gente que te diga si esa frase suena bien o no, para lo que es genial tener amigos psiquiatras que le den el visto bueno al síndrome de la “manía estacional”…

En total, 143 736 palabras, o lo que es lo mismo, 235 páginas usando una fuente Times New Roman a tamaño 12.

Revisar

Redactas con cuidado un sms, un mensaje de WhatsApp, un twitter y al darle a mandar, zas, ves una errata como un piano o una frase que no hay dios que la entienda.

Eso, multiplicado por las 235 páginas de antes. Además de los fallos de concordancia, gazapillos, frases desaparecidas, etc. La primera traducción va a tener fragmentos raros porque el idioma de origen es pegajoso. Hay frases que parecen dichas por un angloparlante recién bajado del avión. Sintaxis feas. Expresiones que no existen ni deberían existir en castellano… Nadie puede ver el texto en esa fase porque el traductor se moriría de la vergüenza.

Esta parte se hace casi a machetazos. A veces la inspiración funciona y el párrafo se arregla rápido. Otras veces hay que dejarlo y volver. Pero al final se hace.

Revisar: Segunda pasada

Aquí el traductor hace lo que puede, porque tras pasar tanto tiempo con un texto los errores se hacen invisibles… Es inevitable, algo neurológico, imposible fiarse de los ojos o el cerebro, son casi el enemigo. Aunque en esta traducción en particular pasó el suficiente tiempo como para obtener una buena cosecha de errores.

También puede aparecer alguna idea para ayudar al Guardián. ¿Y añadir una tabla de conversión de divisas, entre dólares y libras?

Ser revisado

Mi experiencia hace que ame a todos mis revisores.

Sin ellos habría metido la pata mil veces. Son profesionales súper necesarios. Los revisores te hacen ver tus fallos y manías. Las correcciones ajenas pican en el ego y tienes que saber cuando aceptarlas y cuando defender tu postura, pero sin ellas el desastre está prácticamente garantizado. Gustavo Díaz me corrigió un poco del libro, pero en proporción aprendí muchísimo de él. Si lees esto, gracias, Gustavo. Y gracias, César Bernal (quién mejor para rematar la faena).

...y revisar otra vez

Eso sí, cuando ya está maquetado.

El cerebro se despereza un poco gracias a que la fuente es diferente (no más Times New Roman, ¡yuju!), hay ilustraciones, hay juegos de maqueta… Salimos una vez más de caza y volvemos con el morral lleno.

La maqueta también produce nuevas erratas, no solo de texto. Especialmente si son tan ricas como las de Edge. De repente hay una portada de periódico o un cartel de una obra de teatro que exige ajustar el estilo, porque hay una fecha, una foto, una cabecera, una línea que va en otro sitio. O un sello que no se produjo hasta un año después de la fecha de envío de la carta, y que podría llevar a unos investigadores paranoicos, valga la redundancia, a plantearse teorías muy inquietantes. O un nombre, SIVA, que debido a la fuente usada se transforma en SNA. En realidad, estos detalles ya no son tarea del traductor, pero ¿recuerdan la parte de “no es algo que se apague o encienda a voluntad”? Eso sí, la maqueta es tan bonita que se hace con gusto. Hay mucho arte y muchos artistas en esta edición, lo que multiplica el placer de haber participado en el proyecto.

Y por último…

Mantener la sangre fría ante la presencia de Hastur: Aunque ante el horror de los Mitos solo cabe el olvido o la locura…

No recuerdo como llegué allí, pero en la página 284 del Flos Sanctorum, Cioè Vite de Santi: Diviso In Dve Parti, volumen 2, encontré este fragmento, y ahí está Google Books para comprobarlo:

Sin saber nada de italiano, parece que el tan san Cecilio estuvo en Granada, luego en Almería y luego en Carcosa, la cual “no se sabe bien dónde está”. Yo soy vecino de Almería. Y durante un segundo supe que el Rey de Amarillo dejó su semilla no muy lejos de mi puerta…

En conclusión: Disfruten del libro. Si se han puesto tantas horas de trabajo y tanto cuidado es porque sabemos lo genial que puede ser una buena campaña de Los Mitos de Cthulhu. Léanlo, juéguenlo, reléanlo. Maravíllense y horrorícense ante Los harapos del rey. Rememoren lo vivido y lo imaginado. Y disculpen las erratas y frases de sintaxis poco elegante. Prometemos mejorar para la siguiente…


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