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Donde surgen las leyendas

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Las crónicas de Uriv, un viajero gloranthano: El Paso del Dragón

Pregunta a cualquier habitante de Glorantha cuál es el lugar más mencionado en sus leyendas y sus historias. Prácticamente cualquiera te dirá que El Paso del Dragón es ese lugar.  Para algunos cultos es el lugar donde todo comienza, el origen del mundo. Para miles de comerciantes y viajeros, un lugar de obligado paso. Para generales y soldados, el lugar donde fueron a luchar a morir, en innumerables batallas a través de los siglos. Y para todos, un lugar donde la magia es especialmente poderosa. Puedes sentirlo cuando te acercas. Si no es el lugar más importante de Glorantha, sí que se siente como uno bendito por los dioses. 

Aunque originalmente el nombre se refería únicamente a ese desfiladero entre las montañas de Maderarroca por comodidad o pereza, ahora la gente utiliza este nombre para hablar de la enorme meseta situada en la Montañas Rocosas y a la zona colindante. Es la única zona que ofrece un camino, más o menos seguro, entre las zonas del norte y del sur. Su situación de punto clave, lugar mágico y zona de importancia estratégica, ha servido para endurecer a sus habitantes, estando regada de fortaleza, templos y ruinas para rematar un conjunto de bosques, colinas y montañas fáciles de defender y en las que es fácil ocultarse... si conoces la zona.

Tal es su importancia que aparece ya en la historia registrada de La edad del amanecer. El paso siempre fue punto de encuentro para diferentes especies, y fue allí donde se fundaron los dos primeros concilios, que buscaban unir y traer entendimiento entre todos los habitantes del mundo, humanos e inhumanos: elfos, dragonuts, enanos y trolls se daban la mano para buscar entenderse mejor. Pero, ay, la idea fue tan hermosa como imposible de realizar en la práctica. Ambos terminaron en fracaso tras décadas de guerras, dejando a las razas inhumanas seriamente mermadas, aunque no extinguidas ni olvidadas.

Cuando llegó por fin la paz, el paso volvió a ser un lugar de crucial importancia, al poner en contacto a dos continentes. El llamado Imperio de los Amigos del Wyrm duró 500 años, y consiguió la concordia entre razas humanoides y dracónidas. Esta alianza favoreció el comercio y la riqueza de la zona. Y como otras veces, no podía durar, siendo pasto de disidencias y rebeliones.

Tras esta edad dorada y su posterior caída, se fundó el Tercer Concilio, gobernados por un grupo de hombres y dioses, trabajando codo con codo. No bastó para mantener la zona bajo control . Rebeldes, invasores y nuevos dioses ponían a prueba la estabilidad de la zona, que fue finalmente destruida cuando despertaron los dragonuts, cuyo letargo había durado siglos.

78 años después, los humanos contraatacaron, buscando aniquilar a los dragonuts a cualquier precio. Comenzaron las llamadas Guerras Matadragones, en las que estos seres reunieron sus fuerzas, convocando dragones a través del espacio y el tiempo, que aparecieron buscando defender su estirpe. Arrasaron tanto a sus enemigos como a otros asentamientos aliados. Aún hoy perdura el eco de esos tiempos de destrucción.

Los humanos abandonaron la zona durante siglos, hasta que 1220 años después surgió la Diosa de la Luna Roja en la región norteña que hoy llamamos Peloria.  Bajo el mandato de su diosa, eternamente reencarnada, el Imperio Lunar se lanzó a ampliar sus territorios con saña, expandiéndose en las cuatro direcciones. Más cuando su influencia llegó Paso del Dragón, volvieron a encontrarlo poblado, con un pueblo que plantaba feroz resistencia.

Ahora se alzaba allí reino de Tarsh, forjado con miles de refugiados del pueblo Orlanthi que huyeron, a lo largo de los siglos, del yugo del Imperio Lunar. Más al sur, florecía otro reino orlanthi, aquellos que provenían de la Nación Santa. Durante dos siglos convivieron en paz. Los llamaban Las dinastías gemelas de Tarsh, y mantuvieron a raya a los Pelorianos hasta que las guerras civiles les enfrentaron entre ellos. El Imperio Lunar aprovechó para tomar algunas de sus tierras y fundar la ciudad de Lejanía, bastión del este.

Durante estas décadas surgió un nuevo poder en el Paso: el Reino de Sartar, fundado por el héroe del mismo hombre. Se dice que consiguió unir a todas las tribus de la zona sin tener que levantar un arma. Durante décadas, Sartar y el Imperio libraron innumerables batallas, hasta que en 1621 el Imperio Lunar consiguió que cayera la fortaleza de MuroBlanco. Todo parecía perdido, pero los Sartaritas, en una maniobra desesperada, consiguieron convocar un Dragón auténtico, que acabó con la mitad del ejército Imperial y provocó el terror, tras siglos sin que la humanidad tuviera que enfrentarse con ninguno.

La tensión en la que vive la zona es más que evidente, incluso para aquel que meramente está de paso entre regiones. La tregua entre imperios está provocando la llegada de héroes, magos y señores de la guerra a la zona. Vestigios de las razas no humanoides aún moran en estas tierras, donde la magia del caos es fuerte. Los adultos utilizan el miedo a los dragones para asustar a los niños, si acaso como manera de controlar su propio terror. La tensión entre los ejércitos, el resurgir de la magia, las tribus desconocidas y las ruinas de siglos de batallas y reyertas vuelven a convertir la zona en el lugar ideal para cualquier aventurero. No cabe duda de que El Paso del Dragón seguirá teniendo una importancia capital en décadas venideras. 


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