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Don Corleone, pido justicia

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Celebra con nosotros el aniversario del estreno de El Padrino

Ayer no era un día cualquiera, tal día como ayer se estrenó El Padrino en los EEUU. ¿Qué queda por decir a estas alturas de ella? Es algo más que una película. Una obra maestra. El canon moderno del cine. ¿Alguna vez has escuchado esa frase que dice que “no es El Padrino, pero entretiene”? Es la referencia de lo que es debe ser el buen cine. Una obra maestra. Un clásico intocable.

Aunque claro: en Edge Entertainment no nos gusta pensar en nada como “intocable”. Y al diseñador Eric M. Lang , tampoco. Por eso se lanzó un juego como El Padrino: El imperio Corleone. Y por eso nos gusta tanto la cultura popular, porque en ella cabe todo, incluso hacer juegos de “la gran película del siglo XX”.

¿Y por qué no? El trasfondo de las guerras de familias mafiosas es uno que se presta totalmente al elemento lúdico. De hecho, a lo largo de sus tres entregas, hay un montón de escenas les será muy familiar a muchísimos jugadores. La próxima vez que veas el film, fíjate en la de veces que vemos a los mafiosos sentados en torno a una mesa, discutiendo y tomando decisiones, de una forma que recuerda al desarrollo de una partida de multitud de juegos.

Y las decisiones que tiene que tomar Vito Corleone y sus iguales son semejantes a las que toman los jugadores. Seguro: muchas veces no son agradables. Y en ocasiones, implican perjudicar a otros jugadores. Pero hay que tomarlas, porque al final, solo puede haber un jugador.

Nos gusta acercarnos al film con este punto de vista, pensar antes en lo interesante que es antes de vernos abrumados ante su condición de obra maestra del cine. Al contrario de otras obras consideradas canónicas, El Padrino arrasó en taquilla. Fue un éxito popular. Millones de personas acudieron a las salas con la mera intención de ver una buena película. Durante años fue el segundo estreno más taquillero de la historia. Eso no se consigue aburriendo al personal, si no haciendo algo que conecte con los respetadores. Y aún así, en su metraje no hay explosiones, canciones o efectos especiales, y sí un argumento absorbente e interpretaciones fascinantes.

Lógicamente, el paso de los años propició miles de interpretaciones de su trama. Le han atribuido ser una exageración del sueño americano, mostrando su lado más oscuro: un inmigrante que persigue la realización de sus sueños aliándose con sus iguales. Otros lo ven como una metáfora de la guerra fría, con un montón de librepensadores luchando contra un sistema burócrata que les oprime. La familia como el nuevo estado.

Desde el principio se escucharon comparaciones con las obras de Shakespeare, cambiando las familias reales de sus relatos por estas familias de mafiosos que forman alianzas y traicionan acuerdos. Incluso se le detectan ecos de las grandes óperas, tan épicas como trágicas. Es lo que la ha hecho tan reconocida, su capacidad de disparar la imaginación tanto del público más casual como de los críticos más sesudos.

Y aún así, sigue siendo una película donde un mafioso estrangula a otro con la cuerda de un piano.

Por encima de todo, sigue narrando magistralmente un guión absorbente, y algo que es capaz de capturarnos de esa manera, de meternos tanto en su mundo, siempre será divertido de descubrir y revisitar. Si el espectador hace un pequeño esfuerzo (el film tiene ya sus años), será recompensado con una historia fascinante, giros inesperados, diálogos memorables y momentos de increíble tensión. La escena del hospital sigue poniendo los pelos de punta.

Coppola cuidó hasta el último detalle esta producción que escribió, produjo y dirigió. Bajo su supervisión, Marlon Brando, Al Pacino y Robert Duvall brillaron como nunca, pasando al panteón de las grandes interpretaciones. Y no olvidemos al malogrado John Cazale, inolvidable como Fredo, y aportando siempre su gran personalidad. Todo estaba en su sitio para que el resultado final venciera y convenciera. Y vaya si convenció.

Este fin de semana celebramos su estreno, y lo hacemos para recordar a las generaciones más jóvenes que sigue ahí. Que está esperando, de nuevo, a que sea descubierta. Y que no hay que acercarse a ella como una obra magna a estudiar sesudamente, si no como algo que disfrutar, solo o acompañado. Un film que respetar, pero también uno con el que divertirse, porque ya es parte de la cultura popular. Os aseguramos que es imposible no echar una partida a El Padrino: El imperio Corleone y no acabar imitando a Vito Corleone. Palabra.


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