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Cuando llegue la cosecha

Cuando llegue la cosecha

Profundizamos en la mecánica de Petrichor

Petrichor, la palabra, se construye a partir del griego (πέτρα) petra, que significa "piedra", y (ἰχώρ) īchōr, el líquido que fluye por las venas de los dioses en la mitología griega. Su significado vendría a ser algo así como “el olor a tierra después de que la lluvia caiga sobre el suelo seco”.

Petrichor, el juego, es un exuberante mundo mágico en el que eres una nube. Como tal, todo tu propósito en la vida es expandirte, formar otras nubes y alimentar los cultivos con agua. Desafortunadamente, para ellos, el resto de jugadores tienen un propósito muy parecido al tuyo e intentarán engendrar más nubes que tú, llegar más lejos y cuidar mejor los cultivos. Pero no saben a quien se enfrentan, a ti y tu gran habilidad para la manipulación del clima, para manejar a tu antojo a las nuevas y pequeñas nubes para contribuir al crecimiento de tantos cultivos como te sea posible. Solo así conseguirás que a tus oponentes no les quede otra que ponerte por las nubes. 

Enfréntate a ti mismo, con el modo de un jugador, o comparte experiencia interactiva con hasta tres participantes más. Elige bien tu área de influencia y qué acción quieres llevar a cabo en cada momento de las cuatro disponibles. Con una mecánica tan sencilla como esta lograrás combinaciones que darán pie a interacciones del clima con los cultivos, por ejemplo, que no dejarán de sorprenderte partida a partida. Mueve las nubes con las gotas de agua translúcidas de incluye el juego y haz que llegue la lluvia sobre los campos, pero en su justa medida para no echar a perder la cosecha. La clave de tu éxito está en encontrar el justo equilibrio entre generar el mayor número posible de nubes, proporcionar agua a los campos y recoger el mayor número de frutos.

Un juego de diseño muy cuidado, con componentes realizados con materiales de gran calidad y originalidad. Como las ochenta gotas de cristal translúcidas, las cincuenta y seis fichas de madera, dados, así como otras fichas e indicadores y el tablero de juego. De rápido desarrollo de las partidas, en torno a veinte minutos, y una infinidad de posibilidades según cómo decidáis combinar vuestras acciones y según si eliges el modo de juego compartido o en solitario. Una experiencia casi onírica, en contacto con la naturaleza, bellamente ilustrada de modo que al abrir la caja de juego casi es una experiencia olfativa, casi puedes oler el Petrichor.


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