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Conocemos algo más de la narrativa en el El Padrino: El imperio Corleone

El estilo narrativo por capas de las películas de El Padrino permite descubrir nuevos detalles cada vez que vuelves a verlas. En eso se inspiró el diseñador de El Padrino: El Imperio Corleone, Eric Lang, para crear un juego que sedujese también por su temática, su ambientación, sus ilustraciones y por las posibilidades que abre el reglamento a los jugadores para enriquecer su experiencia de juego. Un universo de matices que se coordinan armoniosamente en el resultado final: un gran juego que sirva al jugador que viene de títulos más sencillos y quiere algo más.

Lang reconoce, además, sentirse influenciado por los Eurogames a la hora de elaborar la mecánica de juego. Un juego de gestión de recursos parece idóneo para sumergirse en el mundo de la mafia en el que un gran “Don” por cada familia gestiona todo un entramado criminal pero, a la vez, tiene que rendir cuentas al gran Corleone. O al menos aparentarlo, porque una de las maneras de medrar con cierta facilidad es conseguir distraer parte de las ganancias de los ojos de Vito.

Otra particularidad de El Padrino: El Imperio Corleone es que Eric Lang lo ha diseñado como un juego cerrado, a diferencia de otros grandes juegos que van creciendo con el tiempo. Es, más bien, como una película. Todos los elementos que vas a necesitar, todos los hilos de los que tirar, todas las influencias a encontrar están en la caja. El propio juego cuenta con su comienzo, nudo y desenlace. Se desarrolla en cuatro actos, cuatro hechos fundamentales que marcan la venida de la miniatura de Corleone que paralelamente va bajando por el marcador. Todos estos elementos buscan generar en el público la impresión de estar a medio camino entre ser espectadores y jugadores, entre permanecer al margen o estar involucrados.


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